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| COLABORACIONES / Articles: |
| En esta sección aparecerán artículos sobre arquitectura, ingeniería y decoración, que nos envían profesionales del medio. Podrán incluirse fotos que los grafiquen.
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| Artículo
nº 1 (Recibido el 16/06/2003)
Reflexiones
sobre la unidad arquitectónica de la fachada de la Catedral
de Lima
La
fachada de la Catedral de Lima es, como otros monumentos
virreinales, producto de varios estilos y varias épocas de
construcción. ¿Existe en esta fachada una continuidad
evolutiva? ¿Contiene ella elementos heterogéneos –sean
forzados por desastres sísmicos o malinterpretaciones estilísticas-
de tal poder que llegan a irrumpir en la armonía del
conjunto? La sucesión de influencias e interpretaciones –de
bajo-renacentista a la manierista, de proto-barroca a neoclásica-
que se evidencia en ella, nos conducen a enfocar el problema
de su unidad arquitectónica como una de concatenación estilística.
Un
elemento de primordial significación en la unidad de la
fachada sería el trazado Becerriano de la planta, de los últimos
años del siglo XVI, en el estilo del bajo Renacimiento.
Becerra es el único representante de un clasicismo purista
que intervino en la Catedral. Aunque los trabajos en el
exterior de la Catedral no serían empezados hasta más de
veinte años después de su muerte, su influencia sobre ellos
es fundamental. A él se deben tanto la delimitación
estructural y dimensional de la fachada –elementos tales
como los contrafuertes que encuadrarían la portada principal-
como también algunos elementos estilísticos a los cuales se
ceñiría Juan Martínez de Arrona, su sucesor. Los cubos de
las torres, por ejemplo, serían ejecutados por este último
en el gran almohadillado típico del bajo Renacimiento en que
Becerra concibió toda la obra.
En
1625 fueron encomendadas las portadas de la Catedral a Arrona.
De las siete a ejecutarse, sólo pudo concluir el cuerpo bajo
de la portada principal o Puerta del Perdón.(1) Esta portada
revela la formación clásica de Arrona; sin embargo, ella
deja entrever, por su fuerte relieve claroscurista y énfasis
en las dimensiones verticales, una tendencia que podríamos
clasificar como manierista. Es muy probable que el trazado de
Arona tenga como base inspiracional algún diseño del linaje
de Il Gésu. En efecto, la afinidad evidente entra la
portada de Arrona y el diseño de la fachada de Il Gésu mismo
es remarcable. Este modelo europeo, concebido por Giacomo
Vignola y Giacomo della Porta, anunciaba ya claramente, y
serviría de base, al período propiamente barroco europeo.(2)
El trazado de Arrona es en todo caso de gran originalidad pues
interpretaría y adaptaría dicho modelo dentro del marco de
una estructura existente, sin romper la unidad estilística
del conjunto. El gran énfasis en la portada central es de por
sí un elemento que, a la vez que produce un fuerte foco visual, vislumbra tendencias dramatistas
barrocas. Sin duda Arrona envisiona la fachada en una especie
de crescendo donde los elementos arquitectónicos, a medida
que se aproximan al centro del conjunto, cobran una mayor
articulación escultórica. Aunque sólo el cuerpo bajo de la
portada actual se ciñe a aquélla diseñada por Arrona en
1626, su visionaria concepción tal vez salva la presencia de
elementos –que discutiremos más adelante- ajenos a las
fuentes estilísticas primarias de la fachada.
Luego
de un breve lapso (1635-1637), que no produjo mayores
modificaciones en el trazado de Arrona, bajo el maestro José
de la Sida, se encargó en 1637 el segundo cuerpo de la
portada a Pedro de Noguera. Aunque es muy probable que los
detalles del remate y el almohadillado de las pilastras no se
deban a él, Noguera transformaría totalmente el proyecto de
Arrona para este segundo cuerpo.
La
innovación más importante atribuible a Noguera resultaría
el pequeño frontón, roto y curvo, en la parte central del
entablamiento entre el primer y segundo cuerpos, el cual se
convertiría en un motivo típico del Barroco Peruano.(3) Por
otra parte, el esquema de Noguera redundaría en una mayor
complejidad que aquél de Arrona, tanto simbólica como
arquitectónicamente. Mas escultor que arquitecto, Noguera
expandiría el escueto esquema simbólico de Arrona –que
constaba sólo de los cuatro Evangelistas, la Virgen y un
escudo. Para tal efecto, le resultó necesario usar todo el
plano entre los dos contrafuertes y no hacer este cuerpo como
proyectara Arrona, de menor anchura. Noguera es el hombre de
enlace entre los últimos representantes del bajo Renacimiento
-Arrona, de la Sida- y el Barroco propio. La decoración
ganaba impulso; aún cuando este segundo cuerpo lleva
pilastras que restan sobre aquéllas clásicas de Arrona, el
diseño estructutal se destaca –por su menor relieve- muchos
menos que en el primer cuerpo: por lo tanto este sistema
aparece como subordinado a la decoración, o al menos en
iguales términos con ella. Pero si bien esta transposición
de prioridades –de estructural a decorativa-
significa un momento de transición importante en la
construcción de la fachada, no podemos considerarla como una
contundente ruptura en su evolución.
La
Puerta del Perdón sería repetidamente (1678, 1687, 1758)
restablecida, a excepción de los detalles de su remate, en su
forma original. Las torres no correrían la misma buena
suerte. Su reconstrucción
de fines del siglo XVIII, ejecutada en el Neoclásico que ya
imperaba en esa época, es en toda probabilidad una variante
de Matías Maestro sobre un proyecto, más etéreo y mejor
articulado, de Pedro Antonio de Molina.(4)
La
estructura del tercer cuerpo desborda algo pesadamente la del
segundo, y no se articula plenamente con él, descontinuando
el movimiento vertical que establecen los grandes estribos del
primer cuerpo y las columnas del segundo. Pero si bien este
tercer cuerpo es algo desarmónico, su existencia, por su
propia estabilidad, no logra robar al conjunto de la fachada
de su cohesión.
En
conclusión, podemos afirmar que la presencia actual de la
fachada de la Catedral va más allá de una mera superposición
estilística. Más que un juicio contundente, el conjunto
exige del observador una visión de unidad, no como
equivalente de un canon de perfecta uniformidad estilística,
sino de continuidad, o crecimeiento evolutivo.
Arq. Orso Súmar
Calmet
año 1974
(1)
La traza original de Arrona fue descubierta por
el Arquitecto Emilio Harth-Terré en 1941; ver El imafronte
de la Catedral de Lima.
(2)
Jansen,
H.W. History of Art, pág. 387.
(3)
Bernales Ballesteros, Jorge. Lima, la Ciudad y sus
monumentos, p. 116.
Artículo enviado por el Arq.
Orso Súmar Calmet de Lima, Perú
orsumar@viabcp.com
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| Artículo
nº 2 (Recibido el 30/05/2003)
La
Zonificación Urbana en Lima
Una
Zonificación no es otra cosa, que la propuesta de organización
de una ciudad por áreas de diferentes usos. Para el caso de
Lima, la Zonificación Urbana clasifica los inmuebles en Zonas
Residenciales, Comerciales, Industriales, de Equipamiento, de
Servicios, Otros Usos, Recreacionales, Monumentales, etc. Es
así que Lima comprende, por ejemplo, hasta doce tipos de
Zonas Comerciales, desde las de Comercio Local (CL) hasta la
de Comercio Metropolitano Central (CCM). En el uso
Residencial, Lima clasifica mas de diez Zonas, desde las R1-S
(45 habitantes por Hectárea) hasta las R9 (1,200 hab/Ha.)
Teóricamente,
la Zonificación de Lima debería haber permitido desarrollar
una estructura constructiva armónica y un funcionamiento
equilibrado entre sus diversas Zonas. Con ese propósito, en
base a la Zonificación y controlando las autorizaciones,
licencias, permisos, tributos y otras medidas mas, las
Municipalidades pretendieron orientar la inversión en
urbanizaciones, construcciones, ocupaciones y el
funcionamiento de la ciudad.
Después
de mas de cincuenta años de aplicación oficial de la
Zonificación ¿se logró ese objetivo de desarrollar
ordenadamente Lima?. Por supuesto que no.
Podríamos
encontrar una docena de explicaciones técnicas,
administrativas y hasta políticas, que demostrarían la
debilidad de la actual Zonificación como instrumento
municipal para la gestión urbana en Lima. Convengamos por
ahora, sólo en dos de esos argumentos: En primer término,
está el proceso irregular en que se desenvuelve la construcción
en esta Capital, en donde menos de la quinta parte de los que
construyen, tramitan previamente su Licencia, se les
inspecciona las obras, obtienen su conformidad municipal y
registran lo ejecutado. Esta informalidad se presenta,
inclusive, en proyectos importantes de Distritos bien
organizados. La “regularización” y la “evasión” han
hecho regla en Lima.
En
segundo término, está la “vacilante” calidad técnica y
vigencia de los Planos de Zonificación de Lima y su
reglamentación. En los últimos 6 años, la Zonificación se
ha tenido que modificar anualmente, debido a la cantidad de
Expedientes (mas de 200 por año) que los propietarios tienen
que tramitar ante el Concejo Metropolitano, en vista que la
realidad constructiva y funcional de su vecindad, ya no
concuerda con lo que establecen los Planos oficiales de
Zonificación. Es decir, la norma municipal ha quedado
“fuera de lugar”, al ser alterada en la práctica por el
entorno físico, el contexto social y el mercado inmobiliario
que cotidianamente se dinamiza en Lima.
Veamos
mas en detalle esta situación, en Lima, incomprensiblemente
se han establecido mas de treinta tipos diferentes de
Zonificación. En su categoría, cada Zona se distingue de la
inmediata por tenues y teóricas particularidades
constructivas, ocupacionales u operativas. En la realidad,
estas diferencias no se aprecian y peor aún, ninguna
Municipalidad tiene capacidad de controlarlas.
Por
ejemplo, en una Zona Residencial R2 deben convivir 110
habitantes por Hectárea y en la Zona Residencial R3: 200
hab/Ha. ¿Alguien los cuenta?. En ambas Zonas pueden
construirse edificios de tres pisos. Sin embargo, sus
“coeficientes de edificación y su área libre” son
diferentes. Es decir, el área techada máxima que pueden
construir. Estas Zonas generalmente comparten el mismo Barrio
y hasta la misma Manzana. Por ello, los Expedientes de
“cambio de zonificación” son cuantiosos, porque los
propietarios desean las mayores ventajas para su inversión y
no comprenden los argumentos sobre los “perfiles urbanísticos”
que les trata de imponer la Municipalidad.
Algo
similar sucede con las llamadas Zonas Comerciales, en donde
los técnicos municipales son muy exigentes para distinguir el
giro del negocio, la cantidad de estacionamientos o de pisos.
Sin embargo, en la mayoría de los casos de cambio de
Zonificación, la naturaleza comercial ya se ha instalado
irreversiblemente en las calles, independientemente de la
norma municipal. Igual podríamos hablar de algunas Zonas
Recreacionales Públicas (Parques Zonales), propuestos sobre
propiedades privadas que no han sido compradas ni expropiadas
y que ahora, 30 años después, están ocupadas por sus dueños.
En
las ciudades modernas, la Zonificación por el contrario se
anticipa y sirve para que la población pueda desarrollar a
plenitud todas sus actividades económicas y sociales, con la
única limitación, que no agreda ambientalmente el área. La
Zonificación en realidad debe ser un instrumento promotor de
inversiones, que facilite aplicar las políticas municipales
para desarrollar coherentemente la ciudad, por ejemplo, entre
otras, para defender sus áreas agrícolas, no creciendo
extensivamente sino mas bien densificando Lima y alentando un
uso mas intenso de su área urbana ya lograda.
Para
ello, sus normas de zonificación deben ser técnicamente
sólidas, económicamente viables, socialmente justas y
tener consistente vigencia, a fin de dar confianza a
los propietarios e inversionistas. La Zonificación de Lima
debe ser amplia en su contenido, sencilla en su tipología y
comprensible en su lenguaje para que la población la haga
suya y respete. Debe, sobre todo, no acosar, sino mas bien
estimular el mercado inmobiliario que conviene al desarrollo
de Lima, desanimando los procesos informales, promoviendo la
mas alta calidad edificatoria y defendiendo irreductiblemente
el medio ambiente.
Artículo enviado por el Arq.
Armando García Campos, Regidor Metropolitano de Lima.
agarciacampos@yahoo.es
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| Artículo
nº 3 (Recibido en julio del 2002
DISEÑO
URBANO: Comentarios actuales
Lo
primero que deben preguntar los urbanistas y las personas
involucradas en el manejo del desarrollo de la ciudad a sus
ciudadanos es: ¿cómo te gustaría que fuese tu ciudad?
En
una encuesta privada que en ese sentido realicé en 1988 entre
los 120 trabajadores de un centro industrial en Lima obtuve
las siguientes principales respuestas y en ese orden:
-
Quisiera mi vivienda cerca de mi centro de trabajo
(llegar a pie o en bicicleta).
-
Un campo deportivo cerca de mi centro laboral (para
utilizarlo a la salida del trabajo).
-
Un centro de abastos a distancia caminable de mi hogar.
-
Un centro escolar cercano a mi casa.
Las
razones que movieron estas respuestas fueron:
-
Ahorro en gastos en movilidad.
-
Menos tiempo perdido en el transporte, mayor tiempo con
la familia con la posibilidad
de almorzar en casa, hacer
actividades recreativas, menos tensión emocional.
-
Poder efectuar actividades adicionales al término de
la jornada laboral como reuniones o practicar deportes en
grupo.
Es
fundamental cuando comprendemos que estas sencillas
aspiraciones constituyeron una real mejora en la calidad de
vida para el grupo humano encuestado lo cual, estimo,
podemos hacer extensivo a la mayoría de la población urbana,
con las variables que esto conllevaría según las diversas
segmentaciones sociales con las que está conformada la
ciudad.
Estoy
seguro que a pesar del tiempo transcurrido si volviera a
efectuar una encuesta similar, las respuestas no variarían en
lo fundamental.
Si
bién esta relación funcional aspiracional se dá en algunos
núcleos urbanos pequeños como en muchos de nuestros pueblos,
en ellos no tenemos capacidad instalada para el empleo de
calidad que permita sustentar las actividades complementarias
que proporcionen el nivel de vida que justamente aspiran.
Es
decir vivimos la paradoja, en la cual para gozar las ventajas
de una metrópoli debemos asumir el perder la calidad de vida
de los núcleos urbanos más pequeños.
¿Debe
ser esto siempre así? Una buena solución en el planeamiento
de la ciudad debería contemplar una mezcla equilibrada de lo
mejor de ambas situaciones, indudablemente no es lo que hemos
logrado con nuestras ciudades.
Muchos
países desarrollados deben su fortaleza al hecho de estar
conformados por numerosos núcleos urbanos de menor escala en
los cuales se protege la identidad comunal mediante el
aislamiento espacial y fuertes organizaciones comunales,
respecto a la metrópolis, aunque muy unidos con ellas por
excelentes vías y medios de comunicación.
El
principio de los vasos comunicantes y el de la conservación
de la energía, se aplican a todas nuestras acciones, tanto
individuales como colectivas,
en nuestro caso la conformación urbana que diseñemos,
tendrá un costo permanente de operación y mantenimiento que
pagaremos indefinidamente hasta su costosa o improbable
modificación, por lo que es indispensable hacerla desde su
inicio lo más
eficiente posible.
Una
ciudad que esté bien estructurada, que permita el ahorro de
millones de horas hombre en tiempos de transporte y costo en
seguridad y que a su vez sea satisfactoria para sus
habitantes, será mucho más eficiente y podrá competir en
mejores condiciones dentro de una economía mundial
globalizada.
Creo
que es imperativo replantear nuestros conceptos de ciudad
antes de seguir diseñando soluciones parciales a nuestros
problemas que no resuelven ni alivian los problemas de fondo,
sino más bien los agravan.
Expertos
urbanistas consideran que es más difícil diseñar y ordenar
una ciudad que enviar un hombre a la Luna, comparto esa idea,
ya la humanidad colocó al hombre en la Luna y aún no ha
podido diseñar de manera eficiente la mayoría de sus
ciudades, pero el hecho de que sea difícil no significa que
sea imposible ó que batallemos en ese sentido, en nuestro
caso, por lo menos dentro de nuestra pobreza podremos mejorar
muchísimo si generamos ideas realistas, sólo el hecho de
realizar buenos trazos maestros ayudará a combatir el caos,
porque el crecimiento espontaneo es literalmente un cáncer
urbano.
La
movilidad humana se realiza en diferentes estadios desde el
nacimiento de la persona, primero en el espacio del hogar y
luego con la ampliación de su espacio vital conforme se
desarrolla y aumenta el radio de su desplazamiento hasta el límite
de su capacidad fisiológica, mas allá de esto lo realiza
mediante la utilización de medios mecánicos productos de su
inventiva. Es decir un peatón que se movilice a una velocidad
de 100 metros por minuto puede alcanzar fácilmente los 100 km
/ hora si se transporta en un vehículo mecánico.
Nuestra
atávica escala humana se ve trastocada cuando nos movilizamos
en los vehículos de transporte terrestre permitiéndonos
apreciar perspectivas dinámicas totalmente diferentes a las
que apreciaríamos mediante la caminata, así mismo el uso de
máquinas aéreas nos modifican radicalmente las apreciaciones
anteriores, pero todas estas sensaciones tienen algo en común:
corresponden a la misma realidad y si ella esta bien
conformada la veremos y sentiremos bien desde cualquiera de
esas perspectivas.
Esta
diferencia de magnitudes y de masas en movimiento constituye
el conflicto más severo que debe afrontar el urbanismo actual
en su estructuración, es decir, para el desarrollo del
transporte automotor se deben construir vías especializadas
las que se constituyen en elementos prioritarios del diseño y
planeamiento urbano actual y a su vez en divisores del espacio
urbano a escala humana, de manera más dramática que un
accidente geográfico.
Por
otro lado la percepción de la persona de su espacio vital y
de su entorno se ve modificada en razón de la manera que se
movilice produciendo esto otras fuentes de conflictos de
circulación y apreciación de valores.
La
invasión de las máquinas del transporte en nuestras vidas y
en nuestro espacio urbano es un hecho que nos abruma y nos
supera, ahora, gran parte de nuestro esfuerzo de vida va
dirigido hacia esas máquinas de transporte, las que reconozco
personalmente me facinan, pero, que si bien nos sirven para
movilizarnos y transportar bienes y servicios indispensables,
establecen flujos cuya intersección constituye un conflicto
muy oneroso y difícil de resolver de manera totalmente segura
y plásticamente valorable.
Nuestros
espacios urbanos actuales se ven forzados a aceptar la
intromisión de los espacios para la circulación del vehículo
automotor, por lo tanto los de escala humana han cedido su
prioridad a la escala del vehículo. Creo es una cuestión de
canje inconscientemente aceptado por su mayor confort y
consecuente menor esfuerzo físico: la movilidad a la puerta
de la casa, al trabajo o al destino elegido.
¿Es
cuestión de masa y velocidad? creo es tiempo de revisar
nuestra filosofía, el modo de concebir nuestras ciudades de
manera que consigamos resultados que por lo menos nos acerquen
a nuestra propia utopía.
Una
nueva política urbana clara debería fijar principalmente una
priorización criterios funcionales y de orden espacial urbano
dejando que la el ciudadano ocupe y desarrolle su espacio
vital de la mejor manera que crea conveniente, dentro de
condiciones generales que protejan la conformación mas
adecuada de su entorno urbano.
Una
mayor densificación, pero acompañada de los necesarios y
suficientes espacios libres complementarios podrían convivir
para dar forma a un nuevo concepto de espacio urbano
coherente.
En
el manejo de la ocupación urbana del suelo es fundamental el
reconocimiento de los problemas ambientales que se generarán
y su previa solución para tener a la naturaleza de nuestro
lado y no constituirnos como destructores de nuestro entorno.
Así
mismo el conocimiento de los niveles de riesgo del suelo ante
los agentes naturales nos permitirá planear con mayor
seguridad el desarrollo de nuestras comunidades
aumentándole sus valores intangibles y reduciendo los
costos para reconstrucción por desastres.
Cual
es nuestra propia utopía, que y como quisiéramos que sea
nuestro espacio urbano es la primera cuestión a resolver y
seguramente no la mas difícil de listar mas si la de
concretar.
Lima,
Julio 2002
Artículo enviado por el Arq.
Fernando Jimenez del Río CAP 0513
fjimenez@tsi.com.pe
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Actualizado /
Updated : 30/06/03
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