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"Construir
y Derrumbar"
11
de Setiembre de 2001:
de Arquitectos, Mecenas, Catástrofes
y Paradojas
Nadie
sabe el nombre del arquitecto de la Biblioteca de Alejandría,
una de las 7 Maravillas del Mundo Antiguo, pero la leyenda
consigna que el califa Omar fue el responsable de su destrucción
en el año 641; de un modo semejante, las Torres Gemelas del
World Trade Center han quedado indeleblemente asociadas con un
exótico nombre hoy universalmente aborrecido: en la memoria
de la humanidad la imagen de esos rascacielos nos sugiere más
"Bin Laden" que "Minoru Yamasaki". De
hecho, como veremos a continuación, el lugar que Minoru
Yamasaki ocupa en la Historia de la Arquitectura debe ser el más
incómodo.
Un fracaso de crítica
Los conocedores más exigentes
y sofisticados no reconocieron, fuera de sus innovaciones
estructurales, mayor aporte en las Torres Gemelas de Yamasaki,
y las recibieron con unánime frialdad; cuando se inauguraron
en 1973, Ada Louise Huxtable (autora de "The tall
building artistically reconsidered: the search for a
skyscraper style") no fue muy amable con ellas, sino más
bien lapidaria: "estos son edificios grandes, pero no
gran arquitectura". "Colosalmente aburridas",
"inexpresivas", "carentes de interés" han
sentenciado David Bennett y Charles Sheppard
("Skyscrapers: form and function" y
"Skyscrapers: masterpieces of architecture"). Otros,
obligados a escribir sobre ellas y como si no encontraran nada
más interesante que decir (como Judith Dupré en
"Skyscrapers" o Caroline Mierop en
"Skyscrapers: higher and higher") prefieren
entretenernos con la intrascendente anécdota de la hazaña
del equilibrista francés Philippe Petit, que caminó por una
cuerda entre ambas torres en 1974.
De todas maneras, siendo no sólo
"grandes" sino las más altas del mundo (aunque sólo
por dos años) las Torres Gemelas eran justas aspirantes al título
de Maravilla del Mundo: un imán para los turistas que
visitaban Manhattan, universalmente reconocidas, y -como
prefiere decirse últimamente- se habían convertido -para
bien y para mal- en un icono global. Aunque su arquitecto no
hubiese puesto mucho empeño en lograr que así fuera, su
propia escala colosal las hacía encarnar y representar algo
incluso más grande que a sí mismas, y este simbolismo
involuntario iba a sellar su trágico destino.
El fin de la Arquitectura
Moderna
La enorme foto de unos
edificios que se derrumban en medio de una gran nube de polvo
abre el primer capítulo del bestseller publicado en
1977 por Charles Jencks, "El Lenguaje de la Arquitectura
PostModerna" : para su autor, "La muerte de la
Arquitectura Moderna" ocurrió exactamente a las 3:32 pm
("or thereabouts") del 15 de Julio de 1972.

El trascendental acontecimiento
pasó en su momento desapercibido para muchos, pero, por lo
menos Minoru Yamasaki debió sufrir en el alma y en el
corazón cuando su "infame esquema de Pruitt-Igoe",
que había sido premiado por el American Institute of
Architects en 1951, sucumbió a las violentas explosiones con
que las autoridades decidieron poner fin a este conjunto de
vivienda social en Saint Louis (Missouri), convencidos de que
eran irreparables los graves errores en su diseño que lo
habían hecho socialmente inviable. El desconsolado Yamasaki
podría encontrar compensación anímica y desagravio
profesional en el hecho de que estaba a cargo nada menos que
del edificio más alto que se estaba construyendo en el mundo:
las Torres Gemelas de Nueva York.
El fin de la Era Moderna
El 15 de Julio de 1972 es casi
una anécdota desconocida -comentada sólo por los profesores
de historia de la Arquitectura- pero de lo que ocurrió el 11
de Setiembre de 2001 se enteró la Humanidad entera en el
mismo momento en que ocurría: esta vez, el estruendoso
asesinato de dos edificios que se derrumban en medio de una
nube de polvo y humo -¡proyectados por el mismo arquitecto
Minoru Yamasaki!- fue inmediatamente reconocido como un punto
de quiebre en la Historia con "H" mayúscula.

No hay arquitecto al que no le
duela la más mínima desfiguración de sus creaciones, y la
demolición de una de sus obras es tal vez la herida más
profunda que algunos tienen que soportar; pero la magnitud de
las catástrofes en las que se han visto envueltos sus
edificios es abrumadora: si Minoru Yamasaki está en el cielo,
rogamos a Dios que no le permita ver la interminable repetición
de los noticieros de CNN y los documentales del Discovery
Channnel.
La Destrucción de la
Arquitectura y el Arquitecto de la Destrucción
Otra paradoja del 11 de
Setiembre relacionada con la Arquitectura tiene que ver con su
némesis: cuenta la leyenda que cuando el califa Omar conquistó
la ciudad de Alejandría y preguntó qué contenía ese
edificio al que llamaban "Biblioteca" se le explicó
que eran "muchos libros, sobre muchos temas". El
invasor sentenció: "si dicen lo mismo que el Corán, son
inútiles; si dicen otra cosa, están equivocados y son herejías:
así que al fuego con ellos". La leyenda contemporánea,
cierta o no, atribuye la destrucción de las Torres Gemelas a
una suerte de califa Omar redivivo: un príncipe fanáticamente
enemigo de quienes considera "infieles"; como su
remoto antecesor, Bin Laden ha escrito una de las páginas más
negras en la historia de la humanidad, que lo ha consagrado
como uno de sus más grandes villanos, y como un inmisericorde
magnicida capaz de tirarse abajo -sin pestañear, imaginamos-
una de las maravillas del mundo. Como Bin Laden no se inmoló
personalmente en el atroz ataque sino que sería el
responsable de su planificación la prensa lo ha caracterizado
como "el arquitecto" del atentado;
sorprendentemente, para ejecutar "la obra" (¡la
destrucción de los edificios!) sí contó con la colaboración
de un "verdadero" graduado en arquitectura: Mohammed
Atta. Si esto parece un galimatías, lo que viene es más
desconcertante: muy pocos saben que el exótico apellido
estuvo a punto de entrar por la puerta grande en la historia
de la Arquitectura.
Los Modernos Mecenas de la
Arquitectura
En el Índice Onomástico de
cualquier tratado de Historia de la Arquitectura están
reunidos codo a codo, como en una ceremonia de reconocimiento
o una celebración, los distinguidos e ilustres nombres de
quienes impulsaron su progreso: los apellidos de las familias
Robie, Farnsworth, Schröder, Currutchet, Steiner y muchas más
son una parte tan vital de la cultura y el olimpo de cualquier
arquitecto como los nombres de nuestros héroes, puesto que
les encargaron casas a Frank Lloyd Wright, Mies van der Rohe,
Gerrit Rietveld, Le Corbusier, Adolf Loos, etc. dándoles la
preciosa oportunidad de llevar a la práctica sus ideas. Si
estos son los ídolos a emular, aquellos son los clientes con
los que quisiéramos encontrarnos: esos mecenas ilustrados que
en cada época se atreven a desafiar el gusto convencional
arriesgándose a patrocinar la experimentación y apostar por
lo original, lo inédito, lo creativo, sin lo cual esta
disciplina se estancaría en la reiteración interminable de
las fórmulas tradicionales.
Buena parte de los principales
hitos en los que se encarnaron las ideas más avanzadas de la
arquitectura de su tiempo son tan antropomórficos como para
llevar y celebrar el nombre de aquellos cuya voluntad
encarnan: hay una Fábrica Van Nelle y una Fábrica Fagus, un
Rockefeller Center y un Centro Pompidou, un Instituto Salk,
una Torre Einstein, un Cenotafio de Isaac Newton, una Fundación
Ford, un Taller de Ozenfant, un Parque Güell y un larguísimo
etcétera. De construirse en Jeddah tal como lo diseñó el
brillante arquitecto noruego/norteamericano Peter Pran en
1992, el espectacular Edificio Bin Laden hubiese sobresalido
entre los más notables y distinguidos edificios de la
Historia, que se apellidan Larkin, Lever, Seagram,
Willis-Faber & Dumas, Chrysler o Pirelli.

Y esa hubiera sido sin duda una
mejor manera de "ganarle" a una de las Maravillas
del Mundo: construyendo una mejor.
Y dejando en paz al pobre
Yamasaki.
Artículo enviado por el
Arq. Harry Orsos Barrenechea CAP 2911
horsos@viabcp.com
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